Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido
El aire sabe a despedida, aunque nunca empezamos nada. Sus palabras suenan tibias, de un color gris que me cansa los ojos. Camino dentro de esta escena y todo huele a algo que no crece. Entiendo, con una claridad que quema, que no es para mí.
Hablo y mi voz tiene una verdad que me asombra: no levanto el tono, pero cada frase cae como vidrio frío sobre la mesa. Le digo que no quiero probar algo que ya se siente ajeno, que su interés se oye lejano, como una música mal afinada. No hay reproche, solo una verdad áspera que raspa.
Mientras me escucha, el silencio pesa y tiene textura de polvo. Siento la desolación en la boca, amarga, seca. Me alejo y el suelo bajo mis pasos suena firme por primera vez. Renunciar duele, sí, pero elegirle tiene un sabor intenso, áspero, emético.
Me doy la vuelta, el tiempo se vuelve espeso de un azul oscuro que hace que su mirada pese como una luz ardiente sobre la piel. El alivio suena grave, como una puerta que por fin encaja. No hay drama, solo un frío limpio recorriéndome las manos. Pienso en lo que no será . La ciudad vuelve a tener ritmo y mis pasos laten cálidos. Sé que mañana le dolerá un poco menos. El eco opaco en mi pecho de la renuncia tiene olor a comienzo: el mío.

Lo que no puede ser...no puede ser.
ResponderEliminarLo valiente es afrontarlo, decir las cosas claras -si es posible sinherir- y convertir esa relación en un recuerdo amable.
Lo que no es de recibo es ir contra de lo que uno siente, básicamente por dos motivos:
- Porque engañas a una persona.
- Porque te haces daño a ti misma.
Bien hecho.
El futuro no lo sabe nadie.
Mejor dejar un vacío para que los sueños puedan soñar que llenar el vacío de aburrimiento y desdén.
Besos y suerte.