Yo tuve un sueño en mi vida, soñé que se quedaron conmigo para siempre.
El invierno se ha instalado en mis gestos como una costumbre mansa. Creía que mi historia era ya un libro encuadernado, con los márgenes amarillentos y las hojas cuarteadas de carcoma, con ese final mío tan acostumbrado que firmo con el poso del café de cada mañana. Pero entonces, sin herir el silencio, la vida ha decidido desbordarse por las grietas.
Como el rocío sobre el metal frío: una caricia de luz , una armonía sutil ha empezado a afinar mis cuerdas oxidadas. Me habita una gratitud líquida que no me nubla la vista sino el corazón, y a la vez, en su sombra crece un miedo antiguo, un vértigo de porcelana. Mis manos toscas, gastadas por los inviernos dan apoyo a mis temores.
Camino de puntillas por mis propios días, conteniendo el aliento para no alterar el aire, sintiendo que el universo me ha concedido una prórroga de belleza que no me atrevo a tocar. Y la semana corre veloz al viernes como si quisiera burlarse de mi cobardía y mis ganas de parar el tiempo, ése maldito que consigue siempre que mis pies toquen el suelo antes siquiera de haber aprendido a saltar.
Solo cierro los ojos y me rindo a este sueño que eternizaría en espacio y forma para no tener que despertar.

Esa prórroga merece que le dediques todos tus esfuerzos.
ResponderEliminarTrátala bien, cuídala y que florezca.
Qué envidia...
Besos.
Beautiful blog
ResponderEliminarPlease read my post
ResponderEliminarVas con cuidado, casi sin tocar nada. Y entiendo bien esa sensación A veces uno mismo se frena más de la cuenta. Y luego pasa todo sin enterarte.
ResponderEliminarAina te he dejado en mi blog como respuesta a tu comentario, la posible solución que tienes con mi blog con el dominio .org
Un abrazo
Hay más poesía en este texto tuyo que en muchísimos poemas ajenos con métrica y rima.
ResponderEliminarImágenes y metáforas lo confirman.
Una oportunidad de luz dentro de un invierno sombrío.
Saludos.
es interesante hacer esa observacion de uno mismo pero como si se fuera alguien desde afuera, claro aqui con la angustia de que se da uno cuenta de que esta en cierta forma limitado, atrapado, enclaustrado en un cuerpo y almas ajenos
ResponderEliminarbuena narrativa/poema , hace pensar
Tu texto rezuma delicadeza y temblor, Aina. Hay en él una especie de resurrección íntima, como si el invierno, en lugar de clausurar, abriera un claro en la memoria. Ese “soñar que se quedan contigo para siempre” tiene la fragilidad de un cristal tibio, sostenido entre la esperanza y el miedo. Me ha gustado especialmente la imagen del “rocío sobre el metal frío”: pura alquimia emocional. A veces la vida se desborda por las grietas solo para recordarnos que seguimos vivos, aunque caminemos de puntillas. Qué bello vértigo el de sentir que, quizá, todavía estamos soñando.
ResponderEliminarSaludos
Durante el invierno todo se vuelve más duro, como si se congelara la vida e incluso los sentimientos.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Me encanta tu narrativa. Es un disfrute inmenso leerte, Aina . Un abrazo.
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