A veces me pregunto si nací con una señal equivocada que emito sin control. Es la paradoja de mi existencia: atraigo la pureza que no sé cómo retener. Me quedo a oscuras, habitando este silencio que yo misma provoqué, cuestionándome si algún día dejaré de ser un refugio temporal para convertirme en un lugar perenne.
Pero, por ahora, solo soy el eco de un "lo siento" que nunca es suficiente. Me envuelvo en mi propia soledad como si fuera una armadura, convencida de que el único acto de amor que puedo ofrecer a los hombres buenos es, precisamente, mantenerme lejos de sus vidas.
Llevo la cuenta de los daños en el pecho, como si las cicatrices de otros se marcaran en mi propia piel. Frente a mí, él sonríe con esa honestidad que desarma; es un hombre bueno, de los que cuidan y escuchan, de los que no merecen el naufragio que les espera conmigo.
Mi error es mi forma de mirar. Escucho con una intensidad que ellos confunden con amor, cuando solo es una empatía vestida de gala. No hay malicia, pero sí un resultado devastador. Al ver su ilusión, siento una náusea física, un peso amargo que me recuerda que estoy a punto de destruir algo hermoso.
Cuando su mano busca la mía, me retiro con una frialdad quirúrgica. Y entonces su brillo se apaga, transformándose en esa confusión herida que tanto conozco. Me marcho a casa con el alma pesada, como monstruo vestido de seda que devora esperanzas ajenas sin siquiera tener hambre..
Es una crueldad involuntaria, pero crueldad al fin y al cabo. Me asquea mi propia luz cegadora que solo sirve para encandilar a los inocentes antes de dejarlos a oscuras. Soy el lugar donde los hombres buenos vienen a morir de desengaño. Me encierro, despreciando esta capacidad de atraer lo que no estoy dispuesta a cuidar, convencida de que mi presencia es, en esencia, un acto de vandalismo contra el alma de los demás.
Soy la que te roba el sueño sin tener ganas de dormir.

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ResponderEliminarUn faro en la Costa da Morte...
ResponderEliminarLuz salvadora y naufragio final asegurado para los que buscan en ti la salvación.
Mira... somos lo que somos
A estas alturas de la vida ya nadie cambia... dan igual los libros de autoayuda que los gurús emocionales... no, nadie cambia.
Si lo que ocurre te produce tristeza sólo puedes evitarlo advirtiendo a los futuros náufragos de lo que sucederá...
Avisados están... son como kamikaces. Siempre entiendes lo que escribo aunque me esfuerza en desorientaros.
ResponderEliminarVengo de mundos que aún no has transitado.
EliminarTe llevo ventaja.
Me asustas, no quiero que me dejes ciego.... upps
ResponderEliminarSolo les ocurre a los hombres buenos, 😉
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