martes, febrero 03, 2026

Donde Mueren Las palabras

El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos

 

 

El zumbido del aire acondicionado es el hilo musical de esta mañana, un ruido blanco que intenta llenar el vacío de la oficina. Aparentemente, mi cabeza está archivada en una hoja de Excel pero la realidad es otra: mi conciencia y yo conspiramos en silencio tras la pantalla.

Después de una semana con la quietud de un ancla que no busca puerto, amanezco hoy en un mundo que, por fin, sigue teniendo texturas.

 Apareció ante mí en cámara lenta, rompiendo la monotonía con unos zapatos de piel artesana que golpeaban el suelo con la cadencia de quien no pide permiso para existir.

No recuerdo mucho más. Todo cuanto puedo hacer ahora es justificar y culpar a mis nervios; fueron ellos quienes bloquearon mis capacidades. Mermada ya mi escasa habilidad en el arte de la oratoria, redujeron, además, todas aquellas aptitudes de las que creía haber sido dotada.

Lo que siento no es rencor, es una envidia sana por aquellos que poseen esa seguridad, por esa forma suya de habitar el espacio que yo parezco haber olvidado.

Ahora, el vacío de este lugar, ya sea por recuerdo u omisión, suena a funeral. Un despacho con vistas al skyline, un éxito de cristal y acero, y un alma que se ha vuelto tan gris como la materia anulada de mi cerebro, incapaz de escribirle un whatssap que invite a algo más que al silencio.

8 comentarios:

  1. Aina, tu texto respira una melancolía lúcida, la de quien observa su propio naufragio con cierta ternura. Hay en tu “quietud de ancla” una belleza resignada: no odias al que se mueve con soltura, solo te asombras de esa coreografía vital que tú has olvidado bailar. El aire acondicionado —ese zumbido existencial— sustituye a la música de la vida, pero incluso en el gris de la oficina sobrevives conspirando “en silencio tras la pantalla”. Envidia sana, dices, pero suena más bien a fascinación por lo que quizá anhelas: una oratoria del cuerpo, una respiración que diga “yo también existo”.

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  2. Hay palabras que, bien distribuidas, constituyen los ladrillos que dan sentido al texto. En este caso, vacío, silencio, quietud, funeral, gris... ayudan a transmitir al lector una sensación de tristeza que rodea y condiciona las ansias de existir de su autora.
    Saludos.

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  3. No dejó miguitas de pan al irse?
    Jo....
    Y si vendes el alma al diablo?
    Yo te la compro, jajjaaa

    Besos.

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    1. Yo siempre me voy antes, Toro, deberías saberlo. Lo tendré en cuenta.

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  4. "Lo que siento no es rencor, es una envidia sana por aquellos que poseen esa seguridad, por esa forma suya de habitar el espacio que yo parezco haber olvidado"... Buena descripción, Ana. Creo que muchos nos sentimos así´ algunos días.
    Tienes la puerta abierta a mí espacio también.
    Un abrazo.
    Espero que tengas un buen día.

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  5. Bueno, tal como te prometí me acerco a tu casa y me llevo la agradable sorpresa de encontrarme con muy buenos comentaristas y blogueros, así que un doble placer al entrar. Y además me topo con un texto que pone palabras a esa sensación tan común de estar funcionando mientras por dentro algo se queda atascado. Eso está muy bien visto y muy bien contado. Me alegro haber encontrado otra página interesante. Un saludo

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  6. Es un texto muy sentido, profundo que deja una huella de anhelos incumplidos, sin embargo es bello , me gusta. Saludos

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