Faltan horas para la medianoche y el silencio de este salón es el mejor regalo que me he hecho en los últimos meses. No es soledad, es calma. Antes de que vengas y cierres el 2025 de un portazo me despido brindando con una copa de champán por todos los "entes" que intentaron habitar mi casa antes que tú y terminaron por desvanecerse.
Recorro la lista de los que desfilaron por el 2025: el narcisista, el que desaparecía los sábados, el que buscaba una madre... Y entre ellos, mi "piloto" de cartón piedra, con sus historias de cielos infinitos. Hoy sus recuerdos me llegan con un tacto de terciopelo gastado, suave y triste, de sabor agridulce, como un café demasiado largo.
Aspirando a la libertad del cielo mientras sus pies yacen enterrados en el barro de sus farsas,
Su mentira no era contra mí, sino contra su propia realidad. Y entre aterrizajes forzosos en Berlín y turbulencias sobre el Mediterráneo entendí que no necesito que nadie me lleve a las nubes, sé caminar por el asfalto.
Hoy brindo por ellos, para que encuentren la paz y por mí, que he aprendido a distinguir los espejismos de la luz real. Mi nuevo viaje empieza mañana, sin escalas, el corazón ilusionado y la agenda del teléfono más liviana.
Feliz 2026! Paz y buenos momentos.
