viernes, enero 23, 2026

En Vilo y en Vela

 

 

 


El viento aúlla con un grito  que golpea mis mejillas, mientras el pueblo, resguardado tras muros cálidos, celebra la armonía del festivo. Libro mi propia odisea contra la tempestad en este paseo desierto. La lluvia tiene un sabor  a caricia líquida que pesa sobre mis hombros como el manto de un titán derrotado.

Cada paso es una epopeya de resistencia contra la densidad del aire, espeso como miel fría. Me hundo en la contradicción de mis tempos obligándome a comprender esa parsimonia que se parece tanto a la desidia 

El mar ruge a mi izquierda como un ejército en derrota, recordándome que el amor fue mi gran guerra perdida. Me escupe con fuerza y siento en mi garganta la acaricia del eco áspero de su nombre. Sabe a ceniza y a salitre.

Y en la contradicción entre el desear y el no querer, me descubro advirtiéndome que me desespera  su lentitud, su aparente inseguridad, como si el tiempo fuera para sus pies un fango de oro que se adhiere a la arena.  Su ritmo es un insulto a esta tormenta  su aroma de lumbre antigua, pausado como un buey cansado  que arrastra el peso de la pasividad  tras de sí, me irrita, con la misma intensidad que cautiva esa  necesidad mía de fuego inmediato. 

 

Soy un barco fantasma en un océano de cemento.  


viernes, enero 16, 2026

Amenaza lluvia

La lluvia  amenaza con ahogar los violines antes del primer acorde,  huele a tierra mojada, prefacio de finales prematuros.




El cielo tiene hoy un color a hierro oxidado y el olor metálico de la tormenta inminente se me clava en las encías. Es un gris ruidoso. Todo un año de preparativos, de partituras soñadas bajo el sol, se disuelve ahora en el bochorno de una festividad que amenaza con naufragar. Siento el desgarro de lo que no llega a ser, esa coreografía ensayada que el viento empieza a desordenar.

En el bolso, el teléfono vibra con la insistencia de lo muerto. Es Jeremy. Me envía imágenes de su anatomía, una exposición de carne cruda y sin alma que me resulta tan ajena como un idioma olvidado. Su exhibicionismo es un grito desesperado que ya no me alcanza. En medio de este clima suspendido, su nombre sabe a humo y a errores antiguos. Una oferta carnal que llega tarde, como un eco desafinado. En la palma de mi mano, la pantalla escupe su fantasma. Su foto viene envuelta de un ruido blanco, carne explícita y desprovista de gramática que me llega como un telegrama en un idioma que ya no hablo. 

Mientras, el silencio de él me escuece más que cualquier imagen explícita. Tres noches donde el aire se espesa entre nosotros y, sin embargo, sus labios no han rozado los míos. Tres  citas de palabras que rozan pero no tocan. Su boca es un enigma que se queda a milímetros de la mía, un beso que se repliega y me deja náufraga en el desconcierto. Me ilusiono con su contención mientras otros me ofrecen su piel en píxeles. Lo que me desgarra es este hombre, que me habita el pensamiento y que mantiene sus labios a una distancia sagrada de los míos.  Esa ausencia de contacto físico arde más que cualquier imagen, es una sed limpia, una música que no rompe a sonar. El peso de ese silencio en mis labios, lo siento más real y punzante que cualquier piel que me ofrezca el pasado. 


 

martes, enero 13, 2026

Rumiantes


El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia sino la ilusión
                                                                                                 Foto de Andrés Videla 

El ambiente huele a ser humano, de un gris afilado que me corta la lengua. Mientras observo a la gente desde la ventana, las voces de la pareja que camina por la acera no me llega como sonidos sino como ráfagas de un color amarillo bilioso que ensucia el aire, no suenan a enamorados, suenan a reproches y costumbre. 

Cuando el amor se apaga la convivencia se siente como el roce del papel de lija sobre el terciopelo: una fricción constante donde unos buscan colonizar silencios y otras se vuelven expertas en camuflar el hastío. Entonces, las pocas palabras que se cruzan huelen  a humedad, a sótano cerrado.  

Desde la distancia es más sencillo identificar esos comportamientos, errores que una vez cometidos pagas el precio con soledad. El amor termina cuando al ser tocada ya no sientes calor; sino el sonido de un cristal rompiéndose en mil pedazos sordos.  La intimidad se convierte entonces en una geometría de ángulos rectos y fríos, una arquitectura donde la necesidad de placer de uno se construye sobre el vacío táctil de la antagonista. Dos frecuencias que nunca sintonizan, un ruido blanco que insiste en llamarse compañía mientras el sabor a ceniza lo inunda todo.

Y  días libres, en casa, bajo el arrullo de la Banda sonora de Don´t worry baby el mundo parece encajar por fin. Pero mientras la música promete que todo estará bien, me invade un  miedo cabrón, tengo frente a mí lo que siempre pensé que quería y, sin embargo, esta vez temo ser yo quien no cumple con sus expectativas.

miércoles, enero 07, 2026

El Color de la Autonomía

 "En medio del invierno, aprendí por fin que había en mí un verano invencible." Camus

 


El café me sabe a victoria esta mañana. Camino descalza por el pasillo, saboreando el tacto glacial del suelo; una gelidez que generalmente odiaría, pero que hoy disfruto con la satisfacción de no tener que compartirla por compromiso. Me he vuelto experta en detectar el rancio aroma de las palabras ensayadas; ya no regalo frases dóciles para endulzar el oído de quien no me interesa.

A veces percibo el deseo de algunos hombres como un ruido estático: gris y pegajoso. Pretenden usar mi cuerpo para silenciar su propia soledad, pero mi piel no entiende de caridad. No existe el sexo sin fuego, y no he nacido para apagar incendios ajenos. Mi placer tiene el color de la autonomía: un azul eléctrico que muy pocos alcanzan a vislumbrar.

Me llega, como un eco metálico y desagradable, el discurso de esos "iluminados" siniestros. Hablan desde salones con calefacción, con la boca llena de un combustible que jamás les manchó las manos. Sus consejos morales huelen a papel viejo e hipocresía. Desprecio su teoría; esa que, en la práctica, solo sabe a ceniza y hambre

He dejado atrás el ruido de las promesas vacías y el roce superficial que solo genera frío. Rechazo el juego del cortejo trivial y el artificio de palabras que se lleva el viento. Mi cuerpo ya no vibra con la frivolidad.
 
La pasión no es un fuego fatuo, sino una brasa profunda que arde con calma. En mis momentos más inconscientes, me descubro soñando con una piel que entienda el lenguaje de la espera; unas manos que recorran mi geografía con la sabiduría de quien no tiene prisa por llegar, porque sabe que ya ha llegado.

En mi cama, el deseo tiene el sabor de un vino añejo: oscuro, denso y tan complejo que pocas papilas han sabido apreciar sus matices.

 

 

lunes, enero 05, 2026

A 3 días de inaugurar el Año

 El pasado es solo una historia que nos contamos

 


 

El reloj marcó las ocho y la cerradura cedió con un suspiro de metal. Había dejado la puerta entornada, una invitación fragante a lo desconocido. En la penumbra de mi alcoba, el roce de la seda sobre mi piel sabía a deseo prohibido, mientras el encaje de las ligas dibujaba un mapa de escalofríos en mis muslos. La venda de satén impuso un silencio visual absoluto, transformando el mundo en una sinfonía de texturas y aromas.

Sus pasos sobre la madera sonaban a terciopelo. Pronto, el aire se volvió denso, cargado con un perfume amaderado que olía a seguridad y misterio. Sus manos, firmes y expertas, recorrieron mi geografía con una urgencia que sabía a fuego lento. Hicimos el amor en un estallido de colores invisibles, donde cada caricia era una nota grave y cada gemido una pincelada de luz en mi oscuridad voluntaria.

Al desatar el nudo, la luz hirió mis pupilas con una belleza inesperada. Ante mí, un hombre de elegancia magnética cuya mirada vibraba en la misma frecuencia que la mía. Sin embargo, entre las sábanas, su confesión fluyó como un río de nostalgia azul: el recuerdo de una joven veinte años menor que habitaba su pecho como un acorde inacabado. Con una caricia que sabía a despedida y generosidad, le insté a buscar aquel eco perdido, empujándolo a recuperar el color de su pasado.

Comprendí que  la ausencia de anhelo es la capacidad de reconocer un fuego ajeno sin quemarse. Al verle marchar, saboreé la dulce ironía, el acto más erótico no es poseer un cuerpo, sino liberar un alma que no nos pertenece.

jueves, enero 01, 2026

Cuenta Atrás

Faltan   horas para la medianoche y el silencio de este salón es el mejor regalo que me he hecho en los últimos meses. No es soledad, es calma.  Antes de que vengas y cierres el 2025 de un portazo me despido brindando con una copa de champán por todos los "entes" que  intentaron habitar mi casa antes que tú y terminaron por desvanecerse.

Recorro la lista de los  que desfilaron por el 2025: el narcisista, el que desaparecía los sábados, el que buscaba una madre... Y entre ellos,  mi "piloto" de cartón piedra, con sus historias de cielos infinitos. Hoy sus recuerdos me llegan con un tacto de terciopelo gastado, suave y triste, de sabor agridulce, como un café demasiado largo. 

Aspirando a la libertad del cielo mientras sus pies yacen enterrados en el barro de sus farsas, 

Su mentira no era contra mí, sino contra su propia realidad. Y entre aterrizajes forzosos en Berlín y turbulencias sobre el Mediterráneo entendí que no necesito que nadie me lleve a las nubes, sé caminar por el asfalto.

Hoy brindo por ellos, para que encuentren la paz y  por mí, que he aprendido a distinguir los espejismos de la luz real. Mi nuevo viaje empieza mañana, sin escalas, el corazón ilusionado y la agenda del teléfono más liviana.

 Feliz 2026! Paz y buenos momentos.