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viernes, febrero 20, 2026

El lenguaje obtuso de la seducción

 

 "Pensamos demasiado y sentimos muy poco"

 

 


 

El café hoy me sabe a rayos,  el roce de la lana contra mis muñecas me produce escalofríos y el viento azota mi rostro como si quiera castigarme por algo que no he hecho.  Y para más inri todo desenboca en ese aroma a asfalto mojado que me invade y  se instala  en mi garganta cada vez que le pienso.

La seguridad en mí es una melodía afinada pero ante él, mi gramática se vuelve muda, los silencios se tornan  invitaciones y como quien escribe en braille, mis dedos temblorosos desdibujan sobre el lienzo  una coreografía que él no sabe descifrar. Un paso en falso rompe este equilibrio de cristal y me escupe en forma de espejo  la niña que reside en mí y no fue suficiente.

En la evocación, su mirada se posa en la mía con una cortesía distraída, un eco que no alcanza a tocar la  orilla y yo, envuelta en mi propio abrazo, oculto el hambre tras una sonrisa que apenas le llega a los ojos. 

Me guardo las palabras en los bolsillos, como piedras pesadas, mientras mi cuerpo se vuelve pequeño, casi invisible. Soy un acorde menor que él escucha sin entender, y aguardo en la penumbra a que decida no soltar mi mano en medio de una tormenta que solo late bajo mi piel.

Cada vez que bajo la vista hacia mi taza, confío en que el hilo de seda que he lanzado sea lo suficientemente fuerte para sostener el instante en el que  el silencio no es una carencia, sino una posibilidad esperando su momento. 

viernes, enero 16, 2026

Amenaza lluvia

La lluvia  amenaza con ahogar los violines antes del primer acorde,  huele a tierra mojada, prefacio de finales prematuros.




El cielo tiene hoy un color a hierro oxidado y el olor metálico de la tormenta inminente se me clava en las encías. Es un gris ruidoso. Todo un año de preparativos, de partituras soñadas bajo el sol, se disuelve ahora en el bochorno de una festividad que amenaza con naufragar. Siento el desgarro de lo que no llega a ser, esa coreografía ensayada que el viento empieza a desordenar.

En el bolso, el teléfono vibra con la insistencia de lo muerto. Es Jeremy. Me envía imágenes de su anatomía, una exposición de carne cruda y sin alma que me resulta tan ajena como un idioma olvidado. Su exhibicionismo es un grito desesperado que ya no me alcanza. En medio de este clima suspendido, su nombre sabe a humo y a errores antiguos. Una oferta carnal que llega tarde, como un eco desafinado. En la palma de mi mano, la pantalla escupe su fantasma. Su foto viene envuelta de un ruido blanco, carne explícita y desprovista de gramática que me llega como un telegrama en un idioma que ya no hablo. 

Mientras, el silencio de él me escuece más que cualquier imagen explícita. Tres noches donde el aire se espesa entre nosotros y, sin embargo, sus labios no han rozado los míos. Tres  citas de palabras que rozan pero no tocan. Su boca es un enigma que se queda a milímetros de la mía, un beso que se repliega y me deja náufraga en el desconcierto. Me ilusiono con su contención mientras otros me ofrecen su piel en píxeles. Lo que me desgarra es este hombre, que me habita el pensamiento y que mantiene sus labios a una distancia sagrada de los míos.  Esa ausencia de contacto físico arde más que cualquier imagen, es una sed limpia, una música que no rompe a sonar. El peso de ese silencio en mis labios, lo siento más real y punzante que cualquier piel que me ofrezca el pasado. 


 

domingo, octubre 19, 2025

Quién sabe qué?


Entre el dolor y la nada, prefiero el dolor.



Hace frío allí fuera, la humedad lo envuelve todo. La cama que en verano vestía ligera muestra sus mejores  galas en forma de edredones pomposos y almohadas esponjosas, la tarde se confunde con la noche, la comida con la cena y los días se acortan dando paso a eternos crepúsculos llenos de nostalgia.


Fernando tiene prisa en conocernos, acepta que nuestros ritmos están descompasados pero me sugiere que, incapaz de controlar sus impulsos, sea yo quién lo pare. Hay un antes y un después tras una copa de vino y dos días de migraña, en la distancia las cosas se ven mucho más nítidas y no te dejas llevar por los instintos más primitivos.  Él lo ha notado en la frialdad de los mensajes, en lo escueto del saludo, en lo que tardo en contestar,...el interés no es recíproco, como no lo es la realidad y los sueños.

Hoy es un día de añoranza, hace  23 años que te fuiste y te recuerdo como si te hubiera visto ayer. A veces te imagino como padre de  los hijos que no tuviste, en lo feliz que sería mamá.  126  pasos para llegar a ti.

Parece que mi ahora  sigue siendo tu nunca, he olvidado el canto de la tuna y siento que vuelvo a celebrar la virginidad. No estoy lista para empezar otra vida. Las ganas se confunden con los miedos y no avanzo en un camino que se me antoja bonito solo contigo.


Hoy no, mañana...chi lo sá?