viernes, enero 16, 2026

Amenaza lluvia

La lluvia  amenaza con ahogar los violines antes del primer acorde,  huele a tierra mojada, prefacio de finales prematuros.




El cielo tiene hoy un color a hierro oxidado y el olor metálico de la tormenta inminente se me clava en las encías. Es un gris ruidoso. Todo un año de preparativos, de partituras soñadas bajo el sol, se disuelve ahora en el bochorno de una festividad que amenaza con naufragar. Siento el desgarro de lo que no llega a ser, esa coreografía ensayada que el viento empieza a desordenar.

En el bolso, el teléfono vibra con la insistencia de lo muerto. Es Jeremy. Me envía imágenes de su anatomía, una exposición de carne cruda y sin alma que me resulta tan ajena como un idioma olvidado. Su exhibicionismo es un grito desesperado que ya no me alcanza. En medio de este clima suspendido, su nombre sabe a humo y a errores antiguos. Una oferta carnal que llega tarde, como un eco desafinado. En la palma de mi mano, la pantalla escupe su fantasma. Su foto viene envuelta de un ruido blanco, carne explícita y desprovista de gramática que me llega como un telegrama en un idioma que ya no hablo. 

Mientras, el silencio de él me escuece más que cualquier imagen explícita. Tres noches donde el aire se espesa entre nosotros y, sin embargo, sus labios no han rozado los míos. Tres  citas de palabras que rozan pero no tocan. Su boca es un enigma que se queda a milímetros de la mía, un beso que se repliega y me deja náufraga en el desconcierto. Me ilusiono con su contención mientras otros me ofrecen su piel en píxeles. Lo que me desgarra es este hombre, que me habita el pensamiento y que mantiene sus labios a una distancia sagrada de los míos.  Esa ausencia de contacto físico arde más que cualquier imagen, es una sed limpia, una música que no rompe a sonar. El peso de ese silencio en mis labios, lo siento más real y punzante que cualquier piel que me ofrezca el pasado. 


 

8 comentarios:

  1. Vamos cuesta abajo.
    Antes la gente escribía cartas de amor, o enviaba canciones, o flores, o poemas, o mensajitos temblorosos...
    Ahora es el tiempo de las fotopollas y similares.
    Supongo que lo siguiente será enviarse excrementos y así hasta la extinción de la especie.

    Besos.

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    1. Espero no llegar a ese punto. Debían ser bonitas tus cartas 🤗

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  2. magnifico, un post que solo puede surgir en el ambiente tecnologico tiktoquero de hoy en dia.

    es posible que las imagenes que nos llegan de un posible novio o novia.... sean generadas con inteligencia artificial.

    ya nada es real.

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  3. El texto tiene una belleza dolida y una precisión emocional admirable. Propone una atmósfera eléctrica —esa mezcla de inminencia y descomposición— que se traduce en una metáfora viva del deseo no consumado. El inicio, con el cielo del color del hierro oxidado y el olor de tormenta, instala una tensión sensorial que será también la del alma de quien narra: una espera que no encuentra su desenlace.

    El contraste entre Jeremy —la carne explícita, exangüe, degradada por la repetición digital— y él —el que calla, el del silencio ardiente y la contención— estructura el texto como una meditación sobre dos formas del deseo: la carnal y degradada frente a la espiritual y demorada. Jeremy representa el ruido, lo ya gastado; el otro, la pureza imposible, el espacio donde el anhelo se vuelve casi religioso.

    Hay una resonancia casi proustiana en esa “sed limpia, una música que no rompe a sonar”: el placer no está en el contacto sino en la espera, en la promesa inacabada. El beso que no llega a producirse se convierte así en el núcleo de una experiencia estética y existencial: lo ausente es más real que lo presente, lo no dicho más intenso que lo explícito.

    La prosa, muy plástica, combina la precisión del cuerpo (“el olor metálico se me clava en las encías”) con la abstracción sentimental. Cada imagen parece estar al borde del exceso, pero el tono confesional y la tensión entre erotismo y melancolía la sostienen. En el fondo, es el retrato de un amor huidizo, sí, pero también de un sujeto que se debate entre la necesidad y la fuga, entre el deseo y su imposibilidad.

    Saludos.

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  4. Hola, me gusta como describes el fin del deseo, aunque este sea en esas fotos que vaya no alteran tu ritmo, al contrario te deja sin ese sentimiento que ya no echas de menos.
    Un texto revelador, una imagen en esta ocasión no dice más que unas bonitas y sinceras palabras de cariño y complicidad.
    Las maneras cambian , aunque en el fondo se echa de menos esas cartas de amor y sentimientos.
    Un saludo, un placer leerte.

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  5. La lluvia y el cielo encapotado configuran la mejor escenografía para un final cargado de tensión, distancia y desencuentro.
    Saludos.

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  6. Un magnifico relato Aina. Describes los sucesos con una gracia de otro mundo. " el teléfono vibra con la insistencia de los muertos","su nombre sabe a humo y a errores antiguos", " carne explicita y desprovista de gramática" , etc. Saludos!

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  7. En alguna parte he debido leer algunas palabras tuyas que contradicen esa pretendida "mermada habilidad en el arte de la oratoria", que no en la parte escrita, que me han guiado hasta aquí.
    Textos que en esta mañana fría y lluviosa a estas horas, me han permitido saborear mis tés entretenido.
    Mucho más no cabe decir en estos primeros pasos míos en este espacio que, me lleva la delantera de cientos de ellos camino al cielo.
    Meta que tengo asegurada por derecho de conciencia... Si bien el cuándo, Dios dirá. :)))))
    Un espacio de gran interés.
    Abrazo, Aina.

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