El viento aúlla con un grito que golpea mis mejillas, mientras el pueblo, resguardado tras muros cálidos, celebra la armonía del festivo. Libro mi propia odisea contra la tempestad en este paseo desierto. La lluvia tiene un sabor a caricia líquida que pesa sobre mis hombros como el manto de un titán derrotado.
Cada paso es una epopeya de resistencia contra la densidad del aire, espeso como miel fría. Me hundo en la contradicción de mis tempos obligándome a comprender esa parsimonia que se parece tanto a la desidia
El mar ruge a mi izquierda como un ejército en derrota, recordándome que el amor fue mi gran guerra perdida. Me escupe con fuerza y siento en mi garganta la acaricia del eco áspero de su nombre. Sabe a ceniza y a salitre.
Y en la contradicción entre el desear y el no querer, me descubro advirtiéndome que me desespera su lentitud, su aparente inseguridad, como si el tiempo fuera para sus pies un fango de oro que se adhiere a la arena. Su ritmo es un insulto a esta tormenta y su aroma de lumbre antigua, pausado como un buey cansado que arrastra el peso de la pasividad tras de sí, me irrita, con la misma intensidad que cautiva esa necesidad mía de fuego inmediato.
Soy un barco fantasma en un océano de cemento.

Me gusta esa imagen de barco fantasma...
ResponderEliminarMe puedo ver así.
Un barco deshabitado de futuros, apareciendo y desapareciendo entre la niebla, un barco perdido en un mar cada vez más imposible.
Besos.
Esa fricción brutal entre tu urgencia de incendio y esa parsimonia de buey cansado me asfixia, porque no hay tortura más lenta que naufragar en tierra firme mientras el resto del mundo celebra detrás de un muro.
ResponderEliminar¡Maldita sea esa "miel fría" de los pasos ajenos!, que convierte tu guerra perdida en un fango de oro donde el amor ya no es refugio, sino un eco áspero que sabe a ceniza y te escupe la derrota en la cara.
¡Grita de una vez, maldito barco fantasma!, que me desespera verte arrastrar ese manto de titán derrotado por un océano de cemento mientras esperas un fuego que ya solo existe en tu memoria irritada.
Jajajja, no me exaltes, se trata de aprender la difícil asignatura de saber esperar.
EliminarLa paradoja entre el no querer y el desear...un amor puede que sea una batalla perdida. Vendrán otros a calentar los días. Saludos Aina
ResponderEliminarMuy contundente en sensaciones e imágenes de hiriente colorido.
ResponderEliminarUn choque metafórico entre el deseo y una naturaleza -un mundo, una realidad- circundante desatada.
Un saludo.